Mi primer encuentro con el teatro

Siempre quise tener una vida extraordinaria, y desde muy niña, me cree la idea de que la única manera de lograrlo era a través del arte.

Lamentablemente, para mi “yo” con sueños de Van Gogh, nunca tuve esos papás que llenan las tardes de sus hijos con talleres y, aun así, soñaba con volverme una virtuosa de la música, con descubrir en mí un talento oculto para la pintura o convertirme en la mejor bailarina de ballet. Pero el hada de las artes nunca llegó, así que aprendí a aprovechar cada suspiro artístico que se me presentó… y a enamorarme de cada músico que conocí porque, ¿qué mejor forma de mantener la cercanía con el arte?

Lo de los músicos nunca funcionó. Pero uno de ellos vio en mí la chispa que iniciaría todo. Aquel día, mi músico en turno y yo, caminábamos por la feria vocacional de la UV. A lo lejos, una carpa llamó mi atención: “Unidad de artes”, decía. Aquella niña que aún soñaba con ser artista, no pudo evitar acercarse.

El músico en turno, a quien llamaremos Luis, para darle el crédito que se merece; me vio regresar a él con un tríptico en la mano y notó la emoción que, ni yo misma había alcanzado a identificar. 

Fue él quien me animó a entrar al propedéutico de la facultad de Teatro. Él, quien, con su guitarra, cantó conmigo en los camiones para juntar los 500 pesos de inscripción… Y ahí empezó todo. Porque aún hoy, puedo asegurar que a nadie más en aquella sala de ensayos, le emocionó tanto la posibilidad de convertirse en “una vela” o ser “la lava que sale de un volcán” en los ejercicios de aquel taller. 

Aún hoy, sé que la posibilidad de transitar en diferentes vidas, me genera una emoción que con nada logro igualar. Porque para mí, el escenario, es el lugar en el que pierdes el miedo a la muerte. A no vivir lo suficiente antes de que llegue el final. Es el espacio en el que sientes todo aquello que en lo cotidiano no te permites, y te das la oportunidad de decir cosas que siendo tú, no tendrías el valor de mencionar. El escenario es vida ilimitada, sin miedo ni prejuicios. Es ser en libertad. Por eso me quedé. Por eso sigo aquí. 

Ya no creo que estar vivo se trate de vivir una vida extraordinaria, porque para nosotros, en este escenario, se trata de encontrar lo extraordinario en vivirlas todas.   


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