Sobre aquellos días...

 A mí, la tristeza me ha acompañado siempre. Tengo la melancolía pegada a los ojos como quien hereda, de la genética, un rasgo particular. Y esa nostalgia constante ha sido fiel compañera en cada suspiro. 

En días como hoy, la tristeza deja la exclusividad de la mirada para desplazarse por el rostro y descender a la garganta. Se acumula. Se estaciona en ella como quien busca oprimir la respiración hasta el asesinato y luego continúa su camino para invadir el cuerpo entero. 

Días en los que caminar pesa. En los que abrir lo ojos y respirar profundo se convierten en la hazaña más grande que un ser humano pudiera realizar. Días en donde seguir transitando senderos se vuelve una decisión difícil, compleja. 

Días en lo que el sueño futuro es sólo huir y abandonar.

Hoy es un día de esos.  

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