Compañera de viaje

 A veces, mientras manejo, me da por cerrar los ojos. Me gusta acelerar y cegarme al mismo tiempo, como si buscara el abrazo momentáneo de la muerte. Imagino que una de sus manos se posa sobre la mía y motiva el movimiento que hace a la moto acelerar. Imagino que con la otra empuja mis parpados y los cierra... llevándome a un momento de rendición. A un espacio de confianza y entrega en el que no importa el destino, ni quién espera al otro lado. En el que no existe más que ese instante que me puede llevar al final.

Y entonces vuelvo. Miro al frente. La vida me golpea de nuevo... y ella se va.  

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