Cuatro patas por el universo

Soñé que regresabas a casa conmigo después de visitar al veterinario. Que volvías llena de energía, dando vueltas y saltos por la sala, como tantas veces hiciste. En mi sueño, te mirábamos sorprendidos por lo rápido que te habías recuperado, y nos maravillábamos al descubrir lo rejuvenecida que lucías. Hasta que caí en cuenta de mi propio engaño y empecé a rasguñar mi cuerpo sólo para descubrir que no había dolor - Sólo es un sueño, ¿verdad? - preguntaba sin dejar de buscar que algo en mí, algo físico, doliera. Preguntaba sin obtener respuesta... y así desperté, llorando en una realidad que no quería. 

Desde que te vi partir, mi mente se ha llenado de todos los "hubiera" que soy capaz de imaginar. Se ha llenado de negación. De enojo por lo injusta que es la vida. Por la crueldad que implica ver marchitarse a un ser que amas. Ver su energía diluirse sin poder hacer nada para detener el curso natural de su existencia. Y obligarte, incluso, a despedirte por completo que quien te acompañó con tanta entrega en la vida. 

Cómo se me puede exigir despedirme de la complicidad que significas en mí, si durante 16 años, fuiste participe de mis aciertos y mis errores. Conociste mi llanto nocturno y desapareciste mis miedos de infancia. Porque antes de que llegaras a instalarte en mi cama, las pesadillas y visiones de sombras alrededor de ella, vivían en todas mis noches. Pero tú lo borraste. Tú creaste una nueva imagen en mi mente cada que escuchaba pasos en la oscuridad. 

Porque fuiste ese ser que siempre supo consolarme y a quien conté mis más grandes secretos, mis más profundas heridas. Y es que puedo asegurar que no existe nadie más que lleve consigo tanta información sobre mí. Tú, que acompañaste cada un de mis caídas en el amor. Que podrías, si quisieras, relatar cada una de las veces que juré encontrar al amor de mi vida y que, al perderlo, pensaba que nunca lo podría olvidar... aunque el martirio durara sólo un par de semanas. Tú, que fuiste mi compañera de desvelos durante mi vida escolar. Testigo de mis noches de estudio y de cuando creaba acordeones que pocas veces me atrevía a sacar. Tú, como espía silenciosa de mis días. Celebrando cada una de mis apariciones en casa y reclamando mi atención cuando no se posaba en exclusiva hacia ti.  Tú, que me viste convertirme en adulta, tanto como yo lo hice contigo. 

Hoy te busco en cada perro que encuentro en la calle. Lo miro pensando que puedes estar ahí, usando sus pasos para seguirme. Te busco en cada sonrisa de la naturaleza a mi alrededor. Te busco... y me gusta imaginar que juegas, con tus cuatro patas ágiles, dando vueltas por el universo. Que juegas, aún, alrededor de mí. 



💜 Mina 💜
🐾





Comentarios

Entradas populares de este blog

Me ahogo

Mi lenguaje del amor